Tu Voz existe (Pepito Carrión) | Entre Bolas
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Era en esos momentos cuando uno necesitaba de un consejo, unas palabras de aliento, una idea lucida o la generosidad de sus actos, que su estruendosa voz te alcanzaba el alma. Diferente sensación a la que tenía el hincha tribunero, el de la radio a transistores o teléfono de última generación, al escucharlo; o aquellos otros que tuvieron el privilegio de verlo –en vivo y en directo- hacer retumbar una cabina de transmisión, todo con tal de convertir en aún más emocionante el relato de un acontecimiento deportivo, sea cual fuere, y asi dejar huella.

Hace poco se extinguió la voz de Pepe Carrión, más no esa emoción que dejó grabada en nuestras almas. Porque hizo de la sencillez y la cotidianeidad, sus herramientas para conectarse con todos, ser ese amigo atemporal, a despecho de sus gloriosas canas. Capaz de ser un padre, un buen hermano o el ‘pata’ a quien le podías contar todo y del que siempre ibas a escuchar la respuesta justa.

Por eso cuando me pidieron escribir una semblanza para rememorar a ‘La Voz de la emoción’, difícil no caer en los lugares comunes referidos a esas grandes coberturas que nos tocó compartir, tanto a nivel nacional como en el extranjero, razón por la cual decidí empezar este relato por el lado humano, ese que no conoce el aficionado de a pie, el radioyente, y que explica el dolor que para todos nosotros significó su partida.

Cuando empezaba mi carrera en el diario La Tercera de la Crónica y años después pasar a EL BOCÓN, las veces que me crucé en el camino con Pepe Carrión, siempre tuvo nobles comentarios para que sea un mejor periodista. Esos tips que conocen solo los que son maestros y tienen trayectoria, pero a la vez con una humildad y exento de egoísmos para enseñarte como deben hacerse las cosas y hacerlas bien.

El sentimiento de aprecio era recíproco y no había reparos en él de confesar su afinidad por EL BOCÓN, aún cuando era generoso con todos los medios.

Vale subrayar que periodista deportivo, que se se precie de serlo (en las últimas dos décadas), tenía que escuchar religiosamente Entre Bolas (deporte total con humor), para estar en todas, y que de forma amena también a nosotros los colegas, nos alegre las tardes.

Por si no lo sabían, Pepe trabajaba también en el Gerencia de Relaciones Públicas del Hospital Sabogal del Callao, lugar donde realizaba una enorme ayuda humanitaria y social con los pacientes enfermos para atenuar sus aflicciones o acelerar que sean atendidos en lo que requerían, porque eso lo hacía muy feliz y era otra de la obras que el Señor de los cielos le había encomendado aquí, en la tierra.

En lo personal Pepe Carrión me tendió la mano muchas veces para que mi hija Luz Cristina pueda ser vista a tiempo de la enfermedad que aún padece y nunca hubo oportunidad que no se preocupara de asistirme. Lo mismo hace poco, durante el internamiento de mi suegro que falleció el año pasado, cosas que lo distinguieron como persona y dentro de su humildad, lo hicieron más grande.

A nivel profesional, su capacidad y voz irrepetible, le otorgaron un podio entre los mejores de su género, que duda cabe. Y de hecho –ahora- el buen Pepito Carrión debe estar dibujando sonrisas al barba y haciendo vibrar las nubes del cielo, narrando los partidos nada menos que en el Paraíso.

Pidiendo quizá –además- una ayudita al bravo para que algún día Perú regrese a un Mundial y su programa Entre Bolas este presente para transmitir los partidos de la blanquirroja, como lo había soñado hacerlo él, y asi continuar con su legado. Se fue la voz, pero no las emociones que nos dejaste Pepito, sacudiendo las ‘pitas’ del corazón.

OMAR JAMES DAVILA CALIXTO

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