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¿Cómo se logra ese estado mental en el individuo? ¿Cómo se logra que el deseo de ganar se contagie en un grupo humano del mismo modo que se contagia el virus de la gripe, por ejemplo?
Un viejo dicho reza que el fútbol es un estado de ánimo. Nada más cierto que eso. Es más, pienso que un equipo de fútbol constituye un estado de ánimo en el que sus integrantes no solo se comunican con la palabra, sino también con la mirada y el lenguaje corporal.
Lo hacen no solo para ganar, que es el objetivo final de la competencia, sino para hacer bien las cosas, ayudándose los unos a los otros, guardándose las espaldas y yendo hacia delante con alegría y responsabilidad.
Los psicólogos trabajan buscando desarrollar lo que se llama motivación, la cual se define como el proceso que inicia, guía y mantiene conductas orientadas hacia la consecución de un objetivo. La motivación es la fuerza que, además de hacernos empezar alguna actividad, ya sea haciendo ejercicios diarios, la lectura de un libro, nos hace también mantenerlas en el tiempo.
Los futbolistas argentinos, incluido Messi, necesitan un apoyo psicológico muy intenso. Juegan con el ceño fruncido, cabizbajos, no sonríen, no gozan del juego, no son un equipo motivado. Son solo un grupo de millonarios, ganadores de trofeos, genios individuales en sus equipos y que gozan de una ferviente adoración social, pero que no han logrado desarrollar un estado de ánimo positivo, no han logrado aún plasmar los factores motivadores intrínsecos.
Y con respecto a nuestro fútbol peruano, ¿cuándo tendrán otra vez nuestros actuales futbolistas ese estado de ánimo que logró insertar Didí en la mente de las viejas glorias del fútbol peruano de México 70?
Cuando agobiados por nuestras derrotas futboleras, los peruanos lamemos nuestras heridas añorando nuestro viejo pasado, las viejas glorias siempre repiten lo mismo en las eternas entrevistas: Didí nos convenció de que le podíamos ganar a cualquiera.
¿Cuándo volverán nuestros futbolistas a sentir lo mismo? ¿Quién los podrá convencer de lo que ahora sienten costarricenses y colombianos? ¿Quién podrá transmitirles que ellos son embajadores de una identidad nacional?
Los dejo con esta reflexión del escritor uruguayo Eduardo Galeano, precisamente acerca de la relación entre el fútbol y la identidad nacional: “Un vacío asombroso: la historia oficial ignora al fútbol. Los textos de historia contemporánea no lo mencionan, ni de paso, en países donde el fútbol ha sido y sigue siendo un signo primordial de identidad colectiva. Juego luego soy: el estilo de juego es un modo de ser, que revela el perfil propio de cada comunidad y afirma su derecho a la diferencia”.

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